miércoles, 27 de febrero de 2013

LA LEYENDA DEL SANTO FROILÁN

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Hacia mediados del S. IX, nace en Lugo el protagonista de nuestra historia, en el seno de una familia noble. Mientras crecía le instruyeron en distintos campos.A pesar de que Froilán era un buen estudiante, destacaba por su gran amor a Dios, ya que de todas sus le cciones, la religión era la que más le entusiasmaba. A cada día que pasaba, el protagonista aumentaba su interés hacia Dios, por lo que un día decidió marcharse de casa para poder así, dedicar su vida a seguir su camino. Tras emprender su viaje, estuvo varios meses instalado en una cueva en la montaña en la que, sin descanso, Froilán se dedicó a orar y a hacer penitencia.
Tras pasar un periodo de tiempo allí se dirigió Valdorria, donde, entre unos riscos decidió construir una ermita. Para trasladar los materiales, el hombre se ayudó de un borrico, que una noche murió a manos de un feroz lobo.
Cuando Froilán se enteró de lo sucedido, se enfadó mucho con el animal salvaje así que le obligó a reemplazar al borrico en sus labores diarias. Cuando finalizó la construcción de la ermita, Froilán  dejó libre al lobo que durante esas semanas había obedecido y acatado las órdenes del santo.
Desde aquel día el hombre dedicó su vida a predicar la palabra de Dios.
Un día, ante la fija mirada de las personas que le escuchaban y  para sorpresa de todos los presentes, se metió en la boca una brasa ardiendo y no solo no se quemó, sino que a su boca acudieron dos palomas que hicieron ver a toda aquella gente que él era un elegido del señor.
Así todo el pueblo leonés descubrió que entre ellos se hallaba Froilán, el mensajero de la noticia de Dios.

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